Tendencias: Cronofilia.
Esta es a modo particular una de las tendencias que más me afectan. La razón principal para ello se encuentra dentro de mis precedentes genéticos, para ser más exactos a mi tío, del cual he obtenido el fragante amor por los artículos que pese a su funcionalidad o rotura me atraen significativamente. Conllevando además la condición de mi dependencia a sus encantos.
No hace mucho, es más, me aventuraría a decir que fue ayer, paseando por Granada pasé por la mayor factoría de vinilos desvirtuados por su apariencia, CashConverter, vocablo que en castellano viene a ser algo así como "Danos tu basura, nosotros la guardamos hasta que algún imbécil se la lleve encantado". Allí de forma casi anecdótica descubrí la diferencia entre antiguo y retro. Resulta que para el servio mercantil esta connotación tiene varios significados, siendo "Retro" la empleada para dar a entender que su función es tan solo ornamental y "Antiguo" la que lejos de referirse a funcionalidad, determina el precio. En definitiva, encontramos "Retro" como estropeado y por ello barato, y "Antiguo" como objeto de utilidad dudosa pero caro.
Dejando de lado esto, volveré al tema principal, sin dejar pasar la oportunidad de identificar al imbécil de la traducción castellana con mi propia persona.
En definitiva. La cronofilia se relaciona con un tipo de parafilia basada en la consideración de inadecuada a las tendencias sexuales surgidas por parte de un sujeto ante un objeto de edad sustancialmente distante de la propia. (Frente a este fenómeno sugiero la tendencia sexual como la sensación que experimenta nuestro cuerpo al encontrar un objeto antiguo/retro, llamada orgasmo capitalista, y que se manifiesta por su compra impulsiva y el posterior uso indiscriminado para labores ajenas al vicio).
Ante la posible visión literal del término he de decir que en mi caso jamás llevé a cabo acciones sexuales frente a una Olivetti Linea 98, una pareja de Olympias Traveller deLuxe, una Maritse 15, una Brownie Flash, una Vest Pocket o algún que otro billete/moneda o fósil que me rodee, al menos completas.
Tendencias: Necropatía.
Hace tiempo que vengo dándome cuenta de lo morbosa y seductora que llega a ser la muerte. Es un fenómeno glorioso, lleno de cambios desconsiderados, ya que injustamente viene por sorpresa (a veces).
Lo mejor de ella es ese carácter tan sobrio y definitivo que transmite. Yo, como tantos otros, no sé si aquí presentes, he pensado en ella de forma egoísta más de una vez, pero sin llegar a nada, y esto he decirlo, por falta de huevos. Porque tiene esa mirada fría, esa que te descubre el insoportable dolor físico que te acompañará hasta el último aliento, esa esencia de misticismo que queda por la posibilidad de quedar vivo... No sé, supongo que tan solo se debe a la falta de huevos... y me engaño a mí mismo.
Cambiando de tema, pero sin acabar con él, tengo que mentar algunos casos que hicieron despertar en mí la necesidad de escribirlo. Ya son varias las ocasiones en las que algún familiar o amigo me vino contando la muerte de algún conocido y yo, lejos de sentirme afligido, empecé a despertar cierta envidia por el susodicho exánime. Bajo ese pretexto mis comentarios fueron, cuanto menos, de tristeza o desánimo, restándole toda importancia al hecho de que ahora el hollito, que su vivaz trasero formaba sobre el sofá, yacía sin dueño.
Ésto, claro está, termina despertando odios e injurias contra mí por parte de mi sentimental "anguélo", las cuales no dicen mucho más de mí de lo que todos sabemos, que mi corazón de negro, de tan oscuro, desapareció en mi corporal y atezado vacío.
A qué viene esto.
Me han insultado de tantas formas y en tantos idiomas que casi olvidé mi verdadero nombre. El insulto a veces fue tan infundado que tuve que dar la razón a mi parlamentario agresor. Hubo ocasiones en las que yo mismo pedí ser insultado para provocar mi propia ira y con ello llegar antes al orgasmo, pero nada, el insulto no acabó más que con la tensión del momento, demasiada verdad destruye leonadas. Recuerdo el más bonito de los insultos que me entregaron, de forma escrita y bien redactada, mediante la línea atlántica desde Baires, provincia del tercer mundo, y que describe así:
Pablo es una película de carnaval,
es fulano, es milanesa con tomate,
mariquita, mastodonte, negro de tal,
es un pantalón, faldón con miriñaque.
Pablo folla a las más putas de las musas
que dan una grasia que no se pué aguantá,
luego escupe verdades como pelusas
porque la vida no le sienta nada mal.
El cabrón de mi amigo me denuncia,
me dice que si tal o peor o cadáver.
Así ya, cualquiera se corta las venas.
Luego se arrepiente, reza escaramuza
con dulzura. Sí, la concha de tu madre,
no vayas ahora a decir que sos mi nena.
Baires, 24 de abril.
Además de esta, fueron muy numerosas las reprimendas del mismo atento amigo. Recuerdo una, en la cual, el muy desgraciado, incluso se insultaba a sí mismo mediante adjetivos que tanto la sartén como el cazo notaban propios. Esa decía así:
Yo con mi estilográfica, tú con tu birome,
yo con mi elegancia, tú con dos cojones,
yo listo para salir, tú espera one moment,
yo con la adelaida, tú con la gorda ivonne.
Soledad nos usa como a dos cabrones,
nos dice que follamos como maricones:
la sensibilidad atrofiada, usted perdone,
en la cama no solo con la boca se come.
Yo con mi estocada, tú con tus dos pitones,
yo con sangre frita, tú con chicharrones,
tú para el arrastre de parar balones,
yo con seis infartos en dos corazones.
Luego pasa lo que pasa, registro los cajones,
encuentro ojos de oro incrustados en ratones,
calzoncillos de plata mezclados con condones,
y lágrimas rayadas como las viejas canciones.
Yo con las dos manos, tú con dos pezones,
yo sin escribir poemas, tú sin tener ilusiones.
yo con la lengua vacía, tú mordido por leones,
y si liamos la marimorena semos dos cabrones.
Por ahora y mientras tanto sigo esperando a que alguien llegue a su altura para al menos sentirme ofendido, no digo más, porque ante todo uno es negro... y por desgracia.
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